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Oda a Iloca
Ningún otro mar se parece a ti mar ilocano. Sobre tus olas danzan las gaviotas y tu espuma calcárea sacude la arena. De tu mundo azul emergen los cetáceos cansados y en las tardes anaranjadas el perfil del sol se transforma entre tus brazos. Bajo tus aguas existe el infinito, la medida irreal, la geografía móvil, los abismos oscuros, las anclas olvidadas.
Universo plateado de crestas saladas.
Iloca nació desnuda a tu lado; llegó desde el océano inmenso, llegó a caballo de una ola perdida, perfumaba a boldo, a litre y a maqui morado. Iloca es una musa marina que vive entre los eucaliptus; en sus aguas se bañaron la luna y las estrellas. La marea borró los nombres de todos los amantes y más allá sobre la arena reposan las algas muertas.
Paisaje sublime de un viejo pintor.
De noche, mi playa querida duerme como un lembo exhausto y su cuerpo sinuoso lo acaricia el viento. Mi infancia pasada descansa en su pecho. Llovizna, rocío, fogatas nocturnas, El Duao, La Pesca, los cerros dorados, las puestas de sol y un beso prohibido.
Rubén Franklin Obal Zúñiga / Camerino, Italia, Abril del 2010. |