Tres Relatos de Liceanos - Miguel Cid (~mcidm):
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[10:34, 6/13/2019] Miguel Cid (~mcidm): si me permiten, quiero compartirles un texto que escribí en el FB dela Fundación el año pasado. Es algo extenso para ser transmitido por este medio pero creo que la convocatoria para el encuentro del próximo sábado, bien lo amerita:
En Diciembre de 1979, casi 40 años, junto a otros 200 jóvenes soñadores
cruzamos por última vez esa puerta “por la cual se entra alegre a la casa”,
para nunca más volver a pasar por ella.
5 años antes habíamos ingresado por el mismo umbral por primera vez. Pero era diferente, era el pórtico de una añosa casona de adobe que se caía a pedazos. Dos inmensas puertas de madera, un hall, mampara y el primer patio que era cuadrado con corredores de baldosas negras y pilares de madera que sostenían sobre sus capiteles la historia de cientos vidas de adolescencias como las nuestras.
Ese primer día cruzamos un segundo patio, pasamos por el frente de la sala a la que había asistido 100 años antes el niño- héroe que le dio el nombre al Liceo (La sala tenía una placa recordatoria afuera y adentro estaba que se caía a pedazos). Pasamos por el lado del gimnasio, ese en el que posteriormente gozáramos saltando en el caballete, haciendo volteretas en las colchonetas que ya no eran capaces de amortiguar ni un porrazo más de lo famélicas que estaban, y esas duchas heladísimas en aquellos precarios camarines, oscuros y hediondos, en donde el Toledo competía en virilidad con el Cameratti. Finalmente llegamos al fondo, en donde habían unas casas como de población que luego supimos que se llamaban pabellones. Ahí llegamos a 8vo básico con la Sra María Alicia Cañas de Profesora Jefa, a quién nunca terminar de pedirles disculpas por todo lo que la hice sufrir.
Pasamos el primer año, de manera normal, es decir, “condicional” porque al regresar de una de las varias veces que nos arrancábamos un rato solo por el desafío de hacer cosas emocionantes, nos pillaron saltando la reja por Argomedo. El más chico del lote se quedó colgando de la reja y justo venia pasando un profe que hacia clases en “los mochos”. Sonamos. Citación al apoderado y condicionales.
Al año siguiente ya estábamos en Primero Medio, por fin éramos grandes!!!, pero junto con nuestra niñez todo había desaparecido, el viejo Liceo ya no estaba. Lo habían demolido, así como si nada, para construir el NUEVO LICEO. Nosotros nos tuvimos que arrinconar en “El Internado”. Qué manera de estar apretados!!!, como 24 cursos, como 800 almas apretujadas ahí, aunque en dos jornadas igual era muuuuucha gente. Para ir al baño había que hacer fila. El patio quedó reducido a un mínimo peladero entre el internado y la construcción.
Así estuvimos por dos años!!!
Pero fueron unos años felices, maravillosos!!!. Igual jugábamos pichangas, pinpon, pardilomo, caballito de bronce. Igual nos podíamos arrancar a fumarnos un “puchito” a la esquina en el recreo largo. Y las clases de Educ. Física con Jorge “Negro” Mozó o José Muñoz erán en el parque. Nada más “charcha” que jugar a la pelota en el óvalo y correr en la alameda.
Por mi lado pasé 1ro y 2do normalmente, es decir, condicional. Un año por “promover una fuga masiva del curso” (como dictaminó el Chacho Oses), junto con el Guatón Caroca, y el otro por sanjar a combos alguna pequeña diferencia con uno de mis compañeros. Mi santa madre era una visita habitual en inspectoría, tanto así que en 4to como ya no la citaron más (yo ya estaba en otra cosa, era Pdte del Centro de Alumnos), un día apareció solita en inspectoría preguntando si aún era alumno del Liceo. Ja ja ja .
En Tercero nació el nuevo edificio, que en honor a la pura y santa verdad.. p’tas que cosa más fea. Era “frío”, sin carácter, con cerámica de un color que parecía baño de posta de urgencias. Pero era nuevito de paquete, era “nuestro” porque nosotros lo inauguramos, fuimos los primeros en sentarnos en esas sillas, en rayar esos bancos de terciado, en correr por esos embaldosados pasillos. Junto con el Nuevo Liceo también nace nuestra juventud, ya estábamos pensando en la PAA, en la U. Fue el año de la “casi guerra” con Argentina y nosotros estábamos ahí a punto de los 18 y, cómo todo niño imberbe e iluso, dispuestos a ir a “pelear por la patria”, que hue…, pero a modo de disculpa hay que decir que éramos el fruto de lo que era el país en esos años. Mi generación la vio cerquita.
3ro y 4to, los dos últimos años en el Liceo, los primeros dos años del nuevo edifico, dos años igualmente felices y grandiosos para nosotros. Es verdad que el edificio era otro, pero el ALMA LICEANA era la misma de antes, de la época cuando llegamos a los pabellones, y la misma de la generación de mis hermanos del 73 y 71, y la misma de las generaciones de los 60 y los 50 y de los más antiguos también. Si había que defender la insignia a punta de combos con los mochos o con los del Poli, ahí estábamos porque al Liceo no se le tocaba. Imborrables los campeonatos de basquetbol en el gimnasio municipal!!!
Mi eterna gratitud al Maestro Benito Muñoz, que me enseñó las matemáticas y con ellas a ganarme la vida. “A+B es igual a A+B y no a AB” decía, así aprendí a no juntar jamás peras con manzanas. Él me echaba de la sala para que no le aportillara la clase con mis chistes pesados (aunque él tenía un humor muy especial, jamás le gané ningún cruce de tallas) pero igual tuvo la grandeza de invitarme gratis al preuniversitario que hacía en la iglesia matriz, eso me permitió ser uno de los 3 primeros puntajes de matemáticas del Liceo de ese año. Nunca tuve ocasión de agradecérselo como correspondía. Curiosamente Don Benito fue mi profesor jefe en el 4to C y era esposo de la Madam María Alicia Cañas, mi profe jefe de 8vo a 3ro.
Aprovecho también de agradecer el cariñoso “baño cultural” cómo Don Mario “Chico” Nuñez, llamaba a ese eterno intento de hacer que los burros algo aprendieran de música clásica. Una vez, después de arrancarnos al cine en lugar de ir a su clase, nos preguntó, y sin nada de enojo, ¿Qué puedo hacer para que mi clase sea más entretenida que para uds que ir al cine?. Genial el Chico Nuñez!!
Mis recuerdos a mis amigos liceanos al Chico Nuñez (hijo del profe), Guatón Caroca, Guatón Orellana, Pato Olivera, Huaso Vargas, Chuma Cornejo, Perico Vásquez, Hugo Garrao, Rodrigo Hernández, Omar Gonzalez, Negro Urrutia, Chino Peña, Pato Alburquerque y tantos y tantos más.
Juntos a todos ellos crecimos bajo el cobijo de nuestro querido Liceo, por eso no podemos quedarnos de brazos cruzados cuando se nos llama a su defensa, quizás ahora no sea a combos, pero al igual que ayer, estaremos de pie para defenderlo!!!!
ELE CEI CEI CEI
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[12:12, 6/13/2019] Miguel Cid (~mcidm): El Liceo y lo que representa para muchos de nosotros es parte vital de nuestras vidas. Ha marcado nuestra adolescencia y primera juventud. Posterior a terremoto del 2010 me acordé de lo vivido en Iloca cada verano junto a mis amigos liceanos, y ahora lo comparto con uds.
En Iloca pasé mis veranos adolescentes. En carpa, comiendo el nunca bien ponderado jurel tipo salmón con tomate y tallarines cocinados en un anafe primus, de esos que tenían un bombín pa' meterle la bencina. Ahí compartí y construí lazos imborrables con mis grandes amigos del Liceo de Curicó; El Pato Olivera, el Hugo y Pato Garrao, el Guatón Caroca, Juan Carlos Ibarra. El tiempo nos llevó por diferentes caminos, pero el recuerdo de ellos en Iloca sigue por siempre conmigo.
Esos veranos cuando uno se tiraba todo el día al sol sin ponerse ningún merjunge amaricona'o y no te pasaba nada, a lo más, quedabas colorado como jaiva y después negro curiche.
De día alucinábamos luciendo nuestros esqueléticos y espinillentos cuerpos metiendo a las heladas aguas a jugar con las olas (cosa que hoy no hago ni amarrado) para impresionar a esos biquines que nos hacían ojitos y entablábamos contacto pa’ la noche. En esa época estábamos convencidos que era uno el que engrupía a las minas con nuestro encanto y labia. Años después, nuestro macho orgullo sufre un sismo 8.8 cuando descubre que la hueaita era y sigue siendo totalmente al revés y uno era sólo el elegido, el conquistado y si teníamos cue’a nos iba bien, de lo contrario agarrabamos lo que iba quedando, si y solo sí, una doncella de la fauna autóctona te concedía la gracia, de lo contrario te ibas en “paloma no más”. Así es, lo que iba quedando o lo que botó la ola, la misma en la que nos sumergimos de día y más de alguna vez nos dió un buen susto, la misma ola que ahora vino a darnos algo mucho más grande que un susto. Quizá vino a recoger algo que le habíamos quitado…
Pero luego, cuando moría la tarde, nos poníamos los pantalones y la camisa amasada color verde loro, zapatos artesanales con terraplen y la güena Rodrigo Flaño o la Ice Blue de Williams; y salíamos a caminar por la calle principal y única (esa que hoy día ya no está o poco queda de ella, como poco queda de esos años pendejos y soñadores). Después de un par de vueltas aplanando la calle nos estacionábamos en los Taca Taca a jugarnos unas fichas (por cierto que yo era invencible en defensa) mientras del minicomponente se escuchaba a Ansiedad de Albert Hamonnd, Manolo Otero o las Frecuencia Mod cantando que el amor de su amado les dolía tanto.
Después y si la cacería rendía sus frutos, íbamos a de dejar a la joven amada en su castillo y volvíamos masticando el recuerdo del aquel amor. Digo “masticando” pq literalmente te quedabas con un kilo de arena en boca (y a veces en otra parte tb. y no sabias si la cuestión se te había convertido en escalopa o te agarraste alguna peste) y si la cosa no pasó a mayores volvías con un dolor de….
Entrada la noche nos reencontrábamos en la guarida con los “cabros” a compartir un vinagrillo en garrafa o un ron Tres Palos (¿Le habrán puesto así por la manera en q uno amanecía la otro día?) o una grapa asquerosa o con cue’a un Limarí o un Tres Cruces. La verdad es que puede ser que se tomara harto, pero debo reconocer que era nada para lo que toman los cabros de hoy día ni tampoco dejábamos la cagá que dejan hoy (Pero son nuestros hijos generacionales… ¿Que mierda hicimos mal? ¿Les enseñamos que el copete era de hombres rudos y las mujeres se colgaron de eso para ser iguales a los hombres? ¿O los dejamos solos mientras nosotros nos dedicamos a cambiar la carpa por el resort, el jurel por el sushi y la garrafa por el Jack Daniel?
Pero Iloca también nos dio un verano hermoso y amariconadamente inolvidable, en que nos enamoramos de verdad, con esa verdad eterna, tan eterna como duró lo que duraron las vacaciones de ese verano. Esa es la eternidad pendeja, es verdad, pero de una intensidad nuevamente de 8.8 que nos remeció internamente todas las vísceras, si hasta dejamos de lado a nuestros compadres, para andar todo el día con ella. Dibujamos corazones en la playa y escribimos nuestros nombres en roca y en un madero seco que lanzamos al mar con la imberbe esperanza que algún día lo volveríamos a encontrar. En algún lugar del mundo ¿Ella se acordará de Iloca como yo?
Esas olas, testigos de una promesa de verano, ¿Se habrán cansado de tantas promesas incumplidas escritas en la arena de nuestras vidas y vinieron a borrarlas todas o ... a cobrarlas?
8.8 es un tremendo remezón para no acordarse y volver la vista sobre nuestra propia Iloca, sobre lo que fuimos, para solo a partir de ahí, mirar lo que somos y soñar lo que queremos ser.
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[15:24, 6/13/2019] Rodrigo Lobos Zamorano: Miguel Cid, tus recuerdos y vivencias son en cierto modo, las de todos nosotros
Bien por compartirlo, ha sido un vistazo al pasado con muchos lugares comunes para todos (aplusos)
[15:46, 6/13/2019] LHC Jorge Boudon: No sé quién es el autor de las vivencias de los veranos en Iloca, felicitaciones, interpretas a muuuuchos galanes adolescentesde esa época quedo en el recuerdo.
Nos vemos el sábado
Un abrazo a todos
(Yo emprendiendo viaje a Curicó, hay pega por hacer aún)
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[17:04, 6/13/2019] Miguel Cid (~mcidm):: Permítanme terminar la Trilogía Curicana, con la último artefacto escrito en homenaje al Curicó Unido, la primera vez q subió a primera (y q bien valga la redundancia)
[17:04, 6/13/2019] +56 9 9276 0263: Amigos míos
Amigos míos,
Ayer estuve ahí. Literalmente me arranqué.
Saqué a mi hijo mayor del colegio al mediodía y nos enrumbamos 200 kms al Sur, a la capital del Vino: CURICO
Un amigo, ya me tenía las entradas. Casi 2 hrs. de espera para ingresar al estadio, gracia a la gestión fluida y amable de Carabineros de Chile. (Aún no entiendo contra quién esperaban que pelearan en el estadio si eran todos de Curicó).
Al fin ingresamos, pero ya no había capacidad en las tribunas. Entonces apareció el huaso ladino que tengo adentro... nos colamos en un camión, escalamos y saltamos una reja y llegamos.
No será el Maracaná, ni la Bombonera, pero son los mismos tablones que conocí de niño de esa mano gigante y protectora de mi padre, que con el paso del tiempo se fue haciendo cada día más pequeña, pero para los ojos de mi alma sigue siendo igual enorme. Lamentablemente la edad no le permitió acompañarnos en esta cruzada de emociones.
Muchos recuerdos de las cientos de veces que fuimos a gritar y disfrutar de un triunfo del CURICO UNIDO y de otras muchas... la mayoría... a sufrir tristes derrotas potreranas, cuando mi querido viejo era dirigente del Curi curi.
Ahora con mi vástago la historia se repite, la teoría de los ciclos se presenta una vez más. Pero ahora con un final feliz.
SOMOS CAMPEONES Y VAMOS A PRIMERA... MIERDA!!!
Grité, salté y me abrace con mi hijo y después nos fuimos a la vieja y querida casa a abrazarnos con mi viejo.
Pero antes salimos del estadio hacia la plaza curicana caminando y cantando con los mismísimos Marginales, la famosa Barra Brava de Segunda que ahora conocerán en Primera. Por un rato, fui un pendejo más y mi hijo de 12 años mi yunta.
No hubo clientes, ni proyectos, ni cuentas, ni sueldos, ni informes, ni reportes, ni nada... sólo las llamadas de amor de mi mujer y de Alonso mi bebé de 2 años y medio). Y del Jano Tapia y el Jano Vigueras, amigos curicanos que entiende de lo que hablo.
Los peloteros y peloteras (q cada día son más en este país) me entienden que no se trata sólo de fútbol, sino de las relaciones que se tejen en el tablón entre padre e hijo y que perduran para toda la vida... o al menos para ésta.
De regreso a Santiago mi crío se tiro a dormir en el asiento del lado y al ver sus manos me di cuenta de lo que habían crecido… pero para los ojos de mi alma siguen siendo igual de pequeñas de cuando era niño.
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